Los Boston Celtics de la actualidad se caracterizan por otorgar un gran peso específico a jugadores muy veteranos: este año a Paul Pierce, Kevin Garnett o Jason Terry, pero también en temporadas recientes a Ray Allen, Jermaine O’Neal o Rasheed Wallace, entre otros. En general, los equipos que siguen esa senda generan poca confianza en cuanto a su capacidad de competir en la liga, ya sea por las expectativas de declive del nivel de juego de sus jugadores o por los mayores riesgos de lesiones y de mala condición física que se atribuye a aquellos que han superado ampliamente la treintena y llevan muchas temporadas a sus espaldas. Sin embargo, desde que en verano de 2007 los Celtics firmaron al segundo “Big Three”, el equipo ha conseguido mantener casi siempre un alto o muy alto nivel de juego, gracias tanto a los veteranos como al resto de jugadores que los han arropado. No en vano han logrado obtener un título, alcanzar otra final de la NBA y, la temporada pasada, una final de Conferencia.
Así las cosas, la presente temporada vuelve a estar marcada por un equipo del que ya ha tomado las riendas Rajon Rondo, pero que sigue dependiendo estrechamente del rendimiento de sus veteranos para tener expectativas de éxito, a pesar de disponer de un conjunto de jugadores jóvenes con talento suficiente para dar un paso al frente y convertirse en jugadores de cierto peso, como Jeff Green, Brandon Bass, Courtney Lee o el novato Jared Sullinger. Los primeros meses de campaña han suscitado una vez más fuertes dudas sobre la capacidad del equipo de competir, pero queda mucho tiempo para que sus diferentes piezas acaben de acoplarse y ofrezcan su mejor versión: así lo prueban el cambio experimentado las últimas semanas y las seis victorias consecutivas. Y es que el equilibrio entre veteranía y juventud no es fácil de alcanzar pero la historia de los Celtics muestra que precisamente éste ha sido a menudo una fórmula de éxito y de competitividad en la liga.
Son numerosos los ejemplos a los que podría recurrirse. En 1969, un equipo veterano donde por edad sobresalían Sam Jones (35), Bill Russell (34) y Bailey Howell (32), conseguía, a pesar de las previsiones adversas, el campeonato para Boston. En 1976, los Celtics se alzaban con el título con una plantilla que dependía en gran medida de la aportación de dos jugadores de 35 años: John Havliceck y Don Nelson. Sin embargo, la experiencia tal vez más llamativa es la que desarrolló Chris Ford en la segunda mitad del año 1990. Acaba de ocupar el cargo de entrenador en sustitución de Jimmy Rodgers, tras ser éste eliminado en la primera ronda de los playoffs de 1990 frente a los Knicks y consiguió reanimar a un equipo del que se acababa de retirar Dennis Johnson, dejando vacante la plaza de base titular, y con el original Big Three en edades muy avanzadas (Kevin McHale 33, Larry Bird 34, Robert Parish 37) y mermado físicamente. La velocidad y agilidad de Larry Bird había empeorado, los movimientos en el poste de McHale ya no rozaban siempre la excelencia y Parish sólo podía recorrer la pista a ritmo suave. Sólo un impulso de juventud que diera apoyo a la veteranía durante todos los cuartos y una mejora en la rotación, principal carencia del año anterior, podía relanzar al equipo.
El mérito de Ford fue armar un equipo titular y una rotación competitiva, sin disponer de demasiado talento a su alcance. La dirección de juego recayó en Brian Shaw, un jugador tipo combo-guard sin el talento distributivo de juego de Dennis Johnson, quien rescatado de su periplo italiano y con 24 años disputaría su mejor temporada en Boston y probablemente en la NBA. En el puesto de escolta, Reggie Lewis se había ganado la titularidad y estaba ganando peso específico en el equipo, en una evolución muy al estilo de Rajon Rondo, ya que se acabaría convirtiendo un año después en el jugador más importante. Robert Parish, a pesar de su bajo ritmo, seguía siendo un pívot titular indiscutible por su buena condición física y sus buenas prestaciones interiores tanto en defensa como en ataque. Las otras dos posiciones titulares fueron más difíciles de gestionar. Dado que McHale regresaba a su labor de sexto hombre tras ser titular en los últimos playoffs, Ford optó por experimentar en la titularidad con Ed Pinckney primero y el sophomore Michael Smith después, ambos en la posición de 4. Sin embargo, el primero no aportó como titular todo lo que se necesitaba de él en aquel momento por una evidente falta de talento y el segundo, elegido en la posición 13 del Draft de 1989, decepcionó en todas los roles que se le ofrecieron y acabó completamente relegado. En cambio, las buenas prestaciones saliendo del banquillo de Kevin Gamble, un jugador de cuarto año con cuerpo de escolta, que hasta entonces sólo había cubierto funciones de rotación poco relevantes, le permitieron a Ford trasladarlo a la posición de alerto titular, pasando Bird a jugar en la posición de ala-pívot con mucha libertad de movimientos mientras McHale y Parish no estaban juntos en pista con él. De este modo, el equipo conseguía mucha más velocidad y ritmo, gracias a las piernas de Shaw, Lewis y Gamble, a las que se sumarían las del novato y ganador del concurso de mates de aquella temporada, Dee Brown, saliendo del banquillo. Por su parte, Pinckney y el pívot Joe Kleine permitían completar la rotación interior, sin gozar de un gran peso específico en la misma.
El modelo así definido funcionó extraordinariamente bien, hasta el punto de que el equipo se situó en el mes de enero de 1991 en un promedio de 29-5 y nadie le negaba la condición de contendiente. Probablemente, fue el equipo más competitivo entre 1988 y 2008, aunque lamentablemente no el más exitoso. A diferencia de los equipos victoriosos de 1969, 1976 o 2008, los problemas físicos hicieron acto de presencia en los veteranos, particularmente en Larry Bird, en quien se originarían los problemas de espalda que pondrían fin a su carrera y, en menor medida, en Kevin McHale. Las dolencias de Bird, que se perdió 22 partidos de liga regular, mermaron contundentemente el rendimiento de un equipo donde no existía sustituto posible, pero que igualmente logró un excelente promedio de 56 victorias y 26 derrotas. A pesar de acudir a los playoffs con el equipo al completo, el impacto de los problemas físicos en los más veteranos, a los que se sumó una inoportuna lesión de Parish propició su eliminación a manos de los vigentes campeones, los Detroit Pistons. Unos Pistons que no eran en modo alguno superiores a los Celtics pero que les privaron de enfrentarse en la final de Conferencia a los que serían los nuevos campeones, los Chicago Bulls de Michael Jordan, frente a los cuales Boston había obtenido dos victorias y dos derrotas en liga regular. El éxito del modelo fue lo bastante importante como para extenderlo una temporada más, la última de Larry Bird, cuando de nuevo el equipo alcanzó la semifinal de Conferencia y un balance en liga regular de 51-31, aunque ya sin el concurso de Shaw, cuya mala actitud y descenso de rendimiento obligó a traspasarlo, pero con el atípico y sobrepesado John Bagley en la dirección de juego, tras un año separado del roster céltico por baja condición física, así como con el nuevo novato y futuro actor en Los Ángeles, Rick Fox.
Así pues, el ejemplo de este equipo, muestra que mediante una base veterana de nivel estelar a la que se suman piernas jóvenes de cierta calidad y capaces de aportar en defensa y en ataque, es posible elevar la competitividad y aspirar a todo. El equipo de 2012-2013 tiene jugadores en una edad y en un momento de su carrera deportiva en el que disponen de la capacidad de mejorar su contribución y su rol en el equipo, del mismo modo que el año pasado lo conseguía Avery Bradley. Y cuenta con la ventaja, respecto al de 1990-1991, de que sus veteranos no afrontan por el momento riesgos de declive físico atribuibles a lesiones de gravedad. Cabe, pues,no dejar de confiar en sus posibilidades y recordar que en Boston, la integración de veteranía y juventud ha sido históricamente una fórmula de éxito. Ojalá que este año lo vuelva a ser y se haga evidente poco a poco.
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Brillante exposición, Branhunter!! Pues tienes razón, esas dos plantillas guardan muchas similitudes y la situación es comparable también en cuanto a los rivales, con los Heat de ahora ocupando el rol de aquellos Bulls de Jordan. Esperemos , no obstante, que estos Celtics tengan mas suerte de la que tuvieron aquellos de 1991 … y eso sí, a pesar de la gran labor que hizo Ford aquella temporada, creo que nuestro coach actual es bastante mejor en esos menesteres.
Buen post… pero cada vez tengo más dudas de que este equipo pueda plantar cara a los Heat o los Thunder en una serie a 7 partidos. Por momentos parecen capaces de todo un año más, para a continuación perder contra un rival mediocre dando una sensación además de impotencia, de no dar más de si. Quisiera creer en que el milagro del equipo del 69 es posible.
Ante todo hay que ser optimistas… Las dudas pueden quedar disipadas ante un trade oportuno o un salto en el nivel de juego. Los Heat son difíciles pero hay que tener confianza.