Fue un espectacular anotador, con una media histórica de puntos cercana a los 25 por partido y una anotación total que superó los 25.000 puntos. Junto a Michael Jordan, elevó el mate a la categoría de arte. Disputó nueve veces el All-Star y fue el líder indiscutible de los Atlanta Hawks de la segunda mitad de la década de 1980 y los primeros 1990, a los que condujo repetidamente a los playoffs. Con ellos se enfrentaría a los Celtics de Larry Bird en 1988, durante una titánica semifinal de Conferencia resuelta en siete dramáticos partidos a favor de los de Boston. En la fase final de su carrera fue capaz de ganar una Euroliga y de retornar después a la NBA, para liderar a unos “tanqueantes” San Antonio Spurs en la temporada de la lesión de David Robinson, la cual precedería a la elección de Tim Duncan en el Draft del verano siguiente. Pero Dominique Wilkins fue también jugador de los Boston Celtics, el más destacado free agent que se sumó al equipo durante la década de 1990, en la única temporada del periodo oscuro (1993-2001) en que los Celtics se asomaron a los playoffs. Ésta es la historia de aquella aventura.
La llegada de Dominique Wilkins se empieza a fraguar en la temporada 1993-94, cuando el veterano jugador de 34 años y emblema indiscutible de los Hawks, a pesar de mantener sus altísimas prestaciones en ataque (24,4 puntos por partido), es traspasado en el último año de su contrato, a modo de apuesta de rejuvenecimiento, a los Angeles Clippers, a cambio de Danny Manning. Unos Clippers muy diferentes de los actuales, famosos por su incapacidad de reconstruirse y de rendir en la NBA, que acabarían la temporada con tan sólo 27 victorias y que no eran el destino preferido para una estrella veterana. Entretanto, en Boston, las cosas no iban nada mejor. En el verano de 1993 había muerto Reggie Lewis, dejando una plantilla en la que sólo sobrevivía Robert Parish del Big Three con 40 años, pero a la que se habían unido por dentro la estrella croata Dino Radja y el decepcionante por no decir lamentable rookie Acie Earl. La responsabilidad por fuera seguía en manos de los mismos hombres de los últimos años del Big Three, principalmente los titulares Dee Brown, Sherman Douglas y Rick Fox, todos ellos jugadores de cierto talento pero ninguno especialmente destacado en su posición, además de Kevin Gamble desde el banquillo y Xavier McDaniel. Así las cosas, la única sorpresa agradable en aquel periodo vendría de las buenas prestaciones de Dino Radja. Al acabar la temporada, el enérgico y revolucionado ex-jugador de Boston ML Carr asumía la dirección deportiva de la franquicia y convertía a Dominique Wilkins en su principal objetivo, por lo cual, con la intención de disponer de dinero en la free agency, renunciaría a renovar a Robert Parish, Kevin Gamble y Alaa Abdelnaby, entre otros. Lo que pretendía Carr era reclutar un jugador capaz de aportar un elevado volumen de puntos cada noche, tal y como lo habían venido haciendo Larry Bird y Reggie Lewis.
Dominique Wilkins fue uno de los grandes free agents del verano de 1994, cotizado por no menos de cinco equipos, pero finalmente optó por firmar en julio de 1994 un contrato por tres años con los Boston Celtics, por un total de 11 millones de dólares y 2,8 en el primer año, mucho más que los 7,5 millones que le ofrecían por continuar en los Clippers y algo menos de lo que cobró el año anterior. Tras su firma, el jugador declaraba su entusiasmo por sumarse a una franquicia de larga tradición y prestigio -la huella de las hazañas del Big Three aun estaba muy fresca- y además manifestaba su aspiración de jubilarse como jugador de los Celtics, mientras que Carr expresaba su confianza en que se convirtiría en una pieza clave durante largo tiempo. Wilkins era, además, la piedra angular de una apuesta que pretendía reforzar a los principales jugadores de la temporada anterior mediante la llegada, en este caso vía traspaso con Milwaukee, de los hasta entonces cumplidores Blue Edwards (sg) y Derek Strong (pf) a cambio de Ed Pinckney (pf), así como de los agentes libres David Wesley (pg) y Pervis Ellison (pf-c), y del pívot rookie Eric Montross (elección número 9 del Draft de 1994). De este modo el equipo se rejuvenecía (a pesar de Wilkins), se reforzaba en todas las líneas y se situaba aparentemente en situación de luchar por regresar a los playoffs, bajo el liderazgo de un Wilkins que llegaba a la ciudad como una estrella consagrada y entre grandes expectativas de la afición céltica. No cabe duda de que con mayor o menor acierto, ML Carr hizo lo que creyó oportuno para intentar dejar atrás la fatídica temporada anterior y salir reforzado a disputar la nueva temporada.
Puede decirse que los Celtics encontraron sólo en parte y por momentos en Dominique Wilkins la estrella que habían echado de menos la temporada anterior. El jugador, en ciertos tramos de la temporada, suplió ese vacío de un modo que, por ejemplo, otro prometedor fichaje de temporadas anteriores, Xavier McDaniel jamás fue capaz de cubrir. Fue el líder anotador del equipo tanto en temporada regular como en playoffs y firmó algunas actuaciones verdaderamente estelares, como sus 43 puntos en la cancha de los campeones de aquel año, los Rockets de Hakeem Olajuwon, así como varios partidos por encima de la treintena de puntos. Sin embargo, Dominique había dejado de ser el jugador que era en Atlanta, como evidencia el hecho de que su media anotadora se redujo de los 26 puntos de la temporada anterior a 17,8, y que varias de sus grandes noches anotadoras concluían con derrota. Pero el factor más importante en la evolución de la temporada y puede que también en el rendimiento del jugador fue, por un lado, el rendimiento decepcionante de casi todos los nuevos jugadores y, por el otro, la incapacidad del entrenador, Chris Ford, de hacerse con las riendas del equipo, quien acabó enfrentado o distanciado de una parte de la plantilla y realizó por ese motivo cambios erráticos en las rotaciones, como enviar a Wilkins a la suplencia, lo que únicamente contribuyó a reducir su eficiencia anotadora. El que fue un gran entrenador para una plantilla con un trío de líderes veteranos muy bien definido (Bird-McHale-Parish), tuvo graves dificultades para relacionarse con los nuevos jugadores del equipo y le fue imposible sintonizar con el nuevo estilo directivo que Carr llevó a la franquicia.
Así las cosas, Boston inició la temporada de forma adversa, encajando 3 derrotas consecutivas. Semanas más tarde fue capaz de igualar su número de victorias y derrotas, pero posteriormente la diferencia entre derrotas y victoria no hizo más que ensancharse, siendo ya de 10 en el mes de enero y de 16 a finales de marzo. Las cosas no habían ido en absoluto como Wilkins esperaba. Faltaba disputar el mes de abril y los Celtics contaban con un Wilkins desmotivado, un Dino Radja saliendo del banquillo, una plantilla distanciada en parte de su entrenador y escasas opciones de llegar a la postemporada, pero paradójicamente el mes de abril las cosas cambiarían sensiblemente. El cruce con cuatro equipos sin opciones le permitió a Boston sumar cinco victorias consecutivas y restablecer cierta confianza entre los jugadores, alcanzando un 9-1 en diez partidos, pero finalmente volvieron a las andadas y sucumbieron en los tres últimos partidos de liga regular, dejando un 35-47 como balance final. Ahora bien, a pesar de ese adverso porcentaje de victorias, lograron superar en una victoria al noveno clasificado del Este, los Bucks, y con ello los de Boston consiguieron regresar una vez más a los playoffs, donde les esperaba el primer clasificado, los estelares Orlando Magic de Anfernee Hardaway, Nick Anderson, Horace Grant y, por supuesto, Shaquille O’Neal.
Se había conseguido in extremis acceder a los playoffs, pero las expectativas no eran muy altas, viendo la evolución de la temporada. Sin embargo, como tantas otras veces ha sucedido con los Celtics, no faltaron ni el orgullo ni la épica y el viaje por los playoffs fue muchísimo más digno que lo visto en meses anteriores. El primer partido de los cinco que componían la serie se disputó en Orlando, donde Wilkins hizo una modesta contribución de 14 puntos y fue un verdadero desastre, ya que se saldó con 47 puntos de diferencia a favor de los Magic. La imagen ofrecida fue ciertamente embarazosa, pero tras la debacle, los jugadores protagonizaron una transformación completa y se reencontraron con las buenas sensaciones vividas una semanas antes. Ford devolvió la titularidad a Radja y el equipo se conjuró para mostrarse realmente competitivo, de modo que en el segundo partido, disputado también en Orlando, Dominique fue capaz de liderar al equipo hacia una victoria por 7 puntos, anotando él mismo 24. De ese modo, los Celtics dejaban la serie empatada antes de disputar con ventaja de campo los dos siguientes partidos, lo que suponía todo un hito y una auténtica sorpresa, en la medida que los Magic sólo habían perdido hasta entonces 2 de los 42 partidos que habían disputado en casa. Una vez en Boston, la eliminatoria se jugó a cara de perro. Allí la igualdad sería la norma y los Celtics fueron capaces de poner en serios aprietos a los Magic, pero aunque por marcadores ajustados de cinco y tres puntos de diferencia, los de Orlando supieron imponerse y acabar la serie en cuatro partidos, liderando Wilkins una vez más la anotación de los Celtics. Especialmente memorable resultó el último partido, donde se mostró la mejor faceta de Dominique, quien brilló con luz propia mediante 22 puntos y 18 rebotes e intentó arrebatar el dominio de los tableros a los poderosos Grant y O’Neal, consiguiéndolo por momentos con la ayuda de Radja. Los de Boston lo dieron todo el último día pero no tenían suficientes recursos para ganar, especialmente tras ver como Dee Brown -tercer jugador en importancia de la plantilla- era eliminado por personales cuando faltaban cinco minutos y el pívot titular Montross se retiraba del partido por problemas físicos, dejando al alero de 6’7” Derek Strong la responsabilidad de defender nada menos que a Shaquille. Con la finalización de esa serie se despidieron de los playoffs y se despidieron también para siempre el viejo Boston Garden como cancha del equipo, en una noche en que los locales estuvieron a la altura de los recuerdos allí acumulados.
Concluida la temporada, el destino del jugador y el equipo se dividieron. En agosto de 1995, Wilkins, teniendo todavía contrato en vigor con Boston pero aprovechando el primer lockout de la historia de la NBA, el cual se extendió hasta septiembre de aquel año, decidió firmar por el Panathinaikos por la nada desdeñable cifra de 8 millones de dólares en dos años, donde se encontraría además con otro excéltico, Stojan Vrankovic. Acababa así prematuramente una relación deportiva, que recordaba por su brevedad y falta de resultados a la mantenida con otra estrella de la NBA, Bob McAdoo en 1979, pero que dejó en el recuerdo algunos buenos partidos y unos playoffs emocionantes, que ya no volverían a Boston hasta siete años después. Además, a la ruptura del contrato seguiría una disputa entre Wilkins y los Celtics en que el jugador reclamaría una parte del dinero adeudado en los dos años siguientes. Por su parte, el equipo habría de intentar seguir reencontrándose a sí mismo sin un jugador de NBA destacado, lo que resultaría ciertamente imposible de conseguir. A Dino Radja le tocaría en parte intentar cubrir ese vacío, pero esa es otra historia.
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Uno de los pocos (por no decir el único) agente libre de relumbrón que eligió venir a los Celtics. Una lástima que su periplo fuera tan corto y, sobre todo, que coincidiera con la época más oscura del equipo, porque un jugador como él merecía haber tenido un final de carrera mucho mas brillante. En cualquier caso, es un honor que vistiera nuestra camiseta.
Muy buen artículo Branhunter (una vez más).
Espero que esa “otra historia” que mencionas también tenga su artículo, ya que me gustaría disfrutar leyéndolo como he disfrutado con éste!
Disfruto con los recuerdos que nos brindais en el blog. De aquella epoca, un poco antes en realidad, aún conservo el poster de Dee Brown ganando el concurso de mates tapandose los ojos y recuerdo que cuando fichamos a Dominique me ilusioné pensando que los Celtics saldrían pronto del pozo… ¡que equivocado estaba!
Sí, bueno, en efecto mi siguiente aportación en mente hace referencia a esa “otra historia”. A ver si la acabo de amasar y la horneo, con el fin de que aparezca en los próximos días. ¡Gracias por molestaros en leerla!
El vacío que dejaron Bird, McHale o Parish era imposible de llenar, las expectativas eran demasiado altas y Wilkins ya no era el jugador que solía ser en Atlanta, además McDaniel o Ellison jamás encontraron su sitio. La temporada empezó con muchas expectativas pero hubo ciertas cosas que no terminaron de salir, es una pena que Montross, mira que le tuve fe a este chico, jamás desarrollara el potencial universitario que tenía a nivel profesional.