Tras la lesión que afectó a Rajon Rondo hace algunas semanas, no tardaron en activarse las voces que reclamaban que los Celtics dinamitasen el equipo. Tales invocaciones han de considerarse sorprendentes y apresuradas, dado lo largo y difícil que ha resultado el llegar a disponer de un equipo tan carismático y tan competitivo como el que se viene disfrutando en las seis últimas temporadas, tras la gran cantidad de intentos fallidos que se produjeron durante las décadas de 1990 y 2000, varios de ellos basados precisamente en dinamitar los equipos preexistentes y aventurarse en las no renovaciones y los misterios del Draft, al revés de lo que viene haciendo Danny Ainge en los últimos años. Parece, pues, oportuno revisar una de esas tentativas reconstructoras, la que tuvo lugar entre el verano de 1994 y el de 1997, bajo la batuta de M.L. Carr. Un periodo en que Dino Radja se convertiría en el principal referente de la franquicia céltica.
M. L. Carr: de director de operaciones a entrenador
En un post anterior hicimos un recorrido por la temporada 1994-1995 (link), que contó con la llegada de Dominique Wilkins. Aquella fue la primera en la que el eléctrico M.L. Carr ostentó la dirección técnica del equipo. M.L. Carr había sido un esforzado jugador defensivo y un simpático agitador de toallas, que ayudó a conseguir al equipo de los Bird, McHale y Parish los títulos de 1981 y 1984. En tanto que parte de un memorable equipo ganador y portador de esa imagen de motivador, se presentaba ante los aficionados y los propietarios como un profesional enérgico, sabedor de lo que un equipo necesitaba para ser competitivo y capaz de tomar las decisiones necesarias para devolver a la franquicia a la senda del triunfo. De ahí que en su primer año, sus decisiones se orientaron inequívocamente a gastar dinero en reforzar la plantilla del año anterior. A pesar de optar por no renovar a Robert Parish, debilitando la posición de center, consiguió incorporar un conjunto de jugadores que mejoraban lo que había, especialmente con la llegada del mencionado Wilkins.
Como señalábamos en el mencionado post, las cosas no salieron bien, a pesar de que los playoffs mostraron que el equipo podía rendir algo más de lo que había demostrado en liga regular, y la decepcionante temporada suscitó en M.L. Carr la necesidad de darle una nueva vuelta de tuerca al equipo. La primera decisión se tomó poco después de ser eliminados los Celtics de los playoffs y fue el despido de Chris Ford como entrenador. Carr y los propietarios declaraban en ese momento que examinarían las opciones disponibles en el mercado y tomarían la mejor decisión, pero unas semanas después, para sorpresa de todos, Carr era el elegido (o autoelegido) para ocupar la posición de coach, a pesar de no haber ejercido nunca antes como tal y de mantener su cargo técnico de gestión. Ello le convertía en el principal responsable tanto del equipo en la pista como del futuro de la franquicia y revelaba una personalidad con un elevado autoconcepto, que, convencida de sus propias bondades, se planteaba un reto que muy previsiblemente iba a superarle.
La temporada 1995-96: ¿Continuismo? ¿Renovación?
Tras situarse en los banquillos, se abría un paréntesis en la gestión de la plantilla, como consecuencia del buyout de aquel año, durante el cual Dominique Wilkins abandonaría el equipo. Retomadas las operaciones, Carr se decantaba por no renovar a otro insigne veterano, Xavier McDaniel. Si bien dichas salidas tenían sentido por razones de edad y en el segundo caso inequívocamente de rendimiento, una pérdida mucho más sensible para el juego interior fue la de Derek Strong, quien se incorporaría a los Lakers y al que le esperarían aun sus mejores años en la NBA en Orlando. Boston dejaba ir, además, en el Draft de expansión de aquel año, al mediocre pívot Acie Earl. A pesar de las sensibles bajas, ello dejaba un importante espacio salarial que permitía competir por un free agent destacado y los Celtics consiguieron atrapar al más importante de los disponibles, junto a Anthony Mason: Dana Barros. Dana Barros venía de experimentar una breakout season en los Sixers, donde sumó una media de 20,6 puntos como base titular, y con 27 años, era un jugador ciertamente codiciado. La llegada de Barros ponía en cuestión la permanencia de Sherman Douglas al frente de la dirección de juego y en efecto, al poco de iniciarse la temporada, Douglas era traspasado a Milwaukee a cambio del todavía prometedor aunque sospechoso, unidimensional y egocéntrico escolta Todd Day, quien había alcanzado los 16 puntos de media la temporada anterior, y el veterano interior Alton Lister, quien daría descanso a Montross desde el banquillo. La tercera incorporación importante de la temporada fue el alero rookie Eric Williams, elegido por Boston en la posición número 14, quien ofrecería un buen rendimiento saliendo del banquillo y tras el cual sólo Michael Finley (elección 21) acabaría ofreciendo mayores prestaciones en su carrera en la NBA.
Paralelamente, Dino Radja parecía una estrella en ciernes, puesto que sus prestaciones no habían hecho más que mejorar desde su llegada en la temporada 1993-94, cuando ocupó la plaza de Kevin McHale. Había sido elegido por Boston en la segunda ronda del Draft de 1990, en la posición número 40, pero su incorporación a los Celtics no se produciría hasta 1993. Ello fue debido, primero, al hecho de no poder sumarse al equipo en 1989 al mantener un contrato en vigor con la Jugoplastika de Split, y después, a que en el verano de 1990, optó por firmar un contrato por tres años con Il Messaggero de Roma. De ese modo, Boston perdió la oportunidad de contar con un interior de peso que hubiera sido muy útil en las temporadas 91 y 92 en las posiciones en que más ayuda había necesitado el Big Three. Sea como sea, una vez en Boston y compartiendo la titularidad con Parish, su impacto fue inmediato: se convirtió en el máximo anotador del equipo y sería elegido en el segundo mejor quinteto rookie al finalizar la temporada. Sus prestaciones también fueron muy altas el año siguiente, junto a Wilkins, de modo que llegada la temporada 1995-96, era la piedra angular natural del equipo. En efecto, Dino Radja volvería a ser, en aquella temporada, el líder indiscutible, en tanto que principal anotador y, con diferencia, mayor reboteador.
Así pues, a primera vista, parecía que aunque no había llegado otro jugador del calibre de Wilkins, las decisiones de contratación no habían sido del todo malas y el equipo tendría sus opciones de competir. Sin embargo, los cambios realizados habían dado lugar a un equipo demasiado contrastado en sus posiciones. Por un lado, se contaba con muchos exteriores, que no eran grandes jugadores pero si correctos (en algún caso incluso prometedores) y suficientes para cubrir las posiciones de PG, SG y SF: las nuevas incorporaciones mencionadas, los ya experimentados Dee Brown y Rick Fox, y dos jugadores en progresión reclutados el año anterior, el escolta Greg Minor y el base David Wesley. En cambio, por dentro, las incógnitas eran mayores. La única referencia de peso sería un Radja poco arropado por Montross y Pervis Ellison, a los que acompañarían también el mediocre ala-pívot rookie Junior Burrough y el mencionado Lister. Claramente, sin la presencia de Strong ni el apoyo de Wilkins por dentro, el equipo había perdido presencia exterior y por lo tanto, se había debilitado ostensiblemente.
En cuanto al desarrollo de la temporada, el equipo empezó formando con un quinteto característico de la temporada anterior, en el que entraba Rick Fox por Wilkins, junto a Radja, Douglas, Dee Brown y Montross, pero el débil inicio del equipo, el traspaso de Douglas y las primeras lesiones darían paso a una serie de cambios en la titularidad, donde solo Radja y Fox se mantendrían a lo largo del año. Por su parte, Dana Barros no logró asentarse como base titular y se convirtió en un prolífico anotador saliendo desde el banquillo, si bien vería disminuida su media anotadora hasta los 13 puntos. Las dudas sobre cómo articular la rotación no harían más que acrecentarse como consecuencia de los malos resultados: si bien los Celtics conseguían llegar a diciembre empatados a victorias y derrotas, acabarían el mes de enero con un balance de 16-27. La culminación de la racha de lesiones y derrotas tuvo lugar a finales de febrero, cuando Radja se lesionó hasta final de temporada, pero el equipo ya ostentaba un récord negativo de 20-36. Montross y Ellison quedarían a partir de entonces al frente del juego interior y el equipo logró no acrecentar la diferencia entre victorias, acabando con un récord final de 33-49 y con David Wesley como director de juego consolidado.
El resultado de la temporada fue aun más decepcionante que el año anterior. M.L. Carr, como director de operaciones, no había logrado mejorar la plantilla y como entrenador, aunque con el atenuante de las lesiones, había estado lejos de sacarle su mejor partido. Los jugadores no es que fueran, en general, poco competentes o poco profesionales, sino que faltaba mejor equilibrio entre las diferentes líneas y jugadores de peso para enfrentarse a otros equipos mucho mejor armados. La sensación generalizada, pues, era que el equipo estaba lejos de poder ser competitivo, por lo que la dirección del mismo iba a verse dramáticamente alterada en la temporada siguiente.
La temporada 1996-97: el año del “tanqueo”
Es difícil discernir en qué momento de 1996 M.L. Carr decidió aplicar una nueva estrategia reconstructiva, pero toda la temporada 1996-97 estuvo inequívocamente marcada por el deseo de mantener un equipo “débil” que optase a posiciones altas en la lotería del Draft (tal y como, presumiblemente, haría Danny Ainge en la temporada 2006-2007) y, avanzada la temporada, por una espíritu de “tanqueo” que ofreciese las mejores opciones de elegir a Tim Duncan con la primera elección del Draft de 1997. Debe señalarse, sin embargo, que la voluntad de M.L. Carr era visitar la lotería, pero no ser el último clasificado. Así lo demuestra el hecho de que durante la offseason, propusiera al GM de los New Jersey Nets, John Nash, intercambiar las elecciones de primera ronda del Draft del 1997, a fin de diluir toda sospecha de que el equipo se preparaba para perder a propósito. A Nash le pareció del todo inoportuno y los Celtics se libraron con ello de un ridículo histórico, que los habría acabado enviando a la séptima posición del Draft tras una pésima temporada.
Sea como sea, la primera decisión “debilitadora” fue la de traspasar en junio a Eric Montross con el pick 9 del Draft de 1996, a un equipo también de lotería como eran los Dallas Mavericks, a cambio del pick 6 de dicho Draft y la elección de primera ronda de Dallas para el Draft de 1997. Considerando el bajo perfil de Montross y las dificultades que atravesaban los Mavericks, las opciones de que esa segunda ronda también fuera de lotería eran importantes, como así resultó (concretamente, sería la sexta elección de primera ronda), convirtiéndose éste en el mejor movimiento de la era Carr. Con la sexta elección de 1996, el elegido fue Antoine Walker, un pick lógico que proporcionaba un ala-pívot de calidad y con futuro que aparejar con Radja, con lo que éste habría de pasar a disputar la mayor parte de los minutos en la posición de pívot titular. Para paliar muy moderadamente la marcha de Montross, los Celtics firmaron también al veterano interior venido a menos Frank Brickowski y al mediocre Marty Conlon, entre otros. Se hacía así evidente que un equipo que no había sido capaz de competir el año anterior y cuyos jugadores arrastraban problemas físicos, no hacía esfuerzo significativo alguno por reforzarse en el mercado y fiaba todas sus expectativas a futuros drafts y a la progresión de sus jugadores jóvenes. El resultado, salvo que Walker hubiera sido un jugador absolutamente estelar, conducía inequívocamente a una temporada peor que la anterior.
Con este punto de partida, la temporada empezó mal y acabó desastrosa. M.L.Carr la inició nuevamente con balance negativo e introduciendo casi a cada jornada cambios en la titularidad, donde sólo Wesley, Fox y Radja eran intocables. En cuanto a las lesiones, el primero en caer fue Ellison, quien en funciones de titular, jugó tan sólo los 6 primeros partidos y sufrió una fractura en un pie que le apartó de la competición toda la temporada. Como consecuencia de ello, Carr optó en los siguientes encuentros por una especie de small ball, en que Wesley, Minor, Eric Williams y Rick Fox acompañaban a Radja en el quinteto inicial. Posteriormente, llegado el mes de diciembre y con un balance de 5-14, Brickowski se perdía también toda la temporada por una lesión en el hombro derecho y la rotación interior pasaba a depender de Conlon, que jugaría en casi todos los partidos restantes de la temporada, y también del inefable y nefasto pívot Brett Szabo, con quien Carr había rellenado la plantilla en octubre. Y con la enfermería ocupada y las expectativas nuevamente defraudadas, todo acabó de empeorar cuando los Celtics perdieron nuevamente a Radja, quien tras disputar tan sólo 25 partidos, tuvo que someterse en enero a una artroscopia en su rodilla izquierda y dio por acabada su temporada, así como la temporada de los Celtics. Posteriormente Boston también sufriría las bajas duraderas de Greg Minor y Dana Barros.
Semejante escenario no hizo más que reafirmar a ML Carr en su proyecto y ahora sí, se decidió por una fase de abierto tanqueo, por lo que se limito a ir tapando los agujeros con jugadores con una calidad muy por debajo de los estándares exigibles en la NBA y sin dar ningún paso importante en el mercado. Inicialmente Carr optó por mantener el cuarteto small e incorporar a la titularidad a Walker en lugar de Radja, pero con el paso de las semanas Szabo acabaría siendo titular hasta en 24 ocasiones y Conlon en 15. También tuvieron su “momento de gloria” en aquel periodo jugadores totalmente olvidables como Steve Hammer, Nate Driggers o Michael Hawkings. Con semejantes activos, Carr consiguió holgadamente su propósito, conduciendo a los Celtics al peor récord de su historia (15-67), en medio de una gran tensión en Boston y con amenazas de muerte hacia Carr incluidas.
El fin de la era Carr&Radja
Acabada la temporada, Boston conseguía su propósito de disponer de dos rondas de lotería pero la continuidad de Carr se había vuelto inviable ante la imagen ofrecida, por lo que no tardó en presentar su dimisión como entrenador. Como consecuencia de ello, Boston exploró sus opciones de recambio y sonaron los nombres de Larry Brown, que acababa de dimitir en Indiana; Larry Bird, quien todavía ocupaba un cargo de asistente en Boston y era codiciado por los Pacers, y Rick Pitino, quien como es sabido, acabaría siendo desde principios del mes de mayo el nuevo entrenador del equipo con un contrato multimillonario. Igual que Carr, Pitino obtuvo el control total de la franquicia, por lo que su llegada supuso también la salida de Carr de la dirección de operaciones.
En cuanto a Dino Radja, se encontraba bajo un contrato por tres temporadas más, a razón de 5,6 millones en la temporada 1997-98. Boston intentó traspasarlo en junio a Philadelphia a cambio de Clarence Weatherspoon y Michael Cage, pero al no lograr superar las pruebas físicas, el traspaso fue suspendido. La falta de confianza de Rick Pitino en el jugador era evidente, pues no lo consideraba adaptable al estilo de juego que pretendía imponer en Boston, y finalmente Radja, como Wilkins antes, optó por firmar un contrato con el Panathinaikos, abandonando así la NBA.
Una etapa se cerraba en Boston y otra se iniciaba, que resultaría si cabe más polémica que la de Carr. A mediados del mes de mayo, los Celtics se encontrarían de nuevo con la adversidad en el sorteo de la lotería del Draft, obteniendo tan sólo la tercera elección y viendo como Duncan se alejaba para siempre. Privados de un referente estelar, los Celtics se adentrarían en nuevo periodo de decisiones erráticas, que no mejoraría sustancialmente lo vivido con M.L. Carr. Con el paso del tiempo la figura de Carr ha sido parcialmente reivindicada por algunos aficionados, que han intentado poner en valor su orientación hacia el Draft y su disposición de hacer lo necesario para intentar conseguir a Duncan, pero esa perspectiva no se ajusta demasiado a la realidad. M.L. Carr fue un mal entrenador y un gestor mediocre para quien el mercado apenas existió, que fracasó en su estrategia inicial de reforzar la plantilla y que sólo pudo agarrarse al Draft como único salvavidas a su alcance, poniendo en pista al probablemente peor equipo de la historia de los Celtics. En cuanto a Radja, fue un importante jugador que tuvo la mala suerte de disputar cuatro de las peores temporadas de la historia de la franquicia y de sufrir lesiones de consideración. Del mismo modo que Rick Fox, quien se coronaría campeón en varias ocasiones como titular en los Lakers de Kobe y Shaquille, hubiera sido un jugador valioso en un equipo con mejores componentes, pero obtener jugadores que marquen la diferencia es muy complejo y sin ellos, es fácil que un equipo se haga añicos. Ese ha sido el gran mérito de Danny Ainge, el único gestor queha conseguido traerlos combinando Draft y mercado, desde principios de los años 1980 y que en ningún caso debería incurrir en los errores de sus predecesores.
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Muy bueno Bran!!
Gran relato de aquella época, seguramente la más oscura y siniestra en la historia de la franquicia. A mi, como a todos los célticos, me caía muy bien Carr, un tipo muy simpático y muy representativo de nuestros valores … pero siempre he pensado que fue un error mayúsculo darle las riendas de la franquicia. Creo que su nivel como GM y como coach era mas o menos similar, o incluso inferior, al que tuvo en su época de jugador: es decir, vulgar, del montón. Creo que su mejor servicio a la franquicia fue como agitador de toallas (en esa faceta si que ha sido el mejor, sin lugar a dudas).
En cuanto al gran Dino Radja, que lástima que tuviera tan mala suerte, porque era un pedazo de jugador que sin embargo, llegó en la peor época posible. Fueron unos años de demasiado infortunio, porque cuando pienso en que en condiciones normales podrían haber coincidido durante alguna temporada el Big Three mas Len Bias, Reggie Lewis y Dino Radja, es como para echarse a llorar …
Muy bueno, he disfrutado leyéndolo. Lástima que la suerte nos diera la espalda durante tantos años en forma de fallecimientos, lesiones, retiradas prematuras, poca fortuna en drafts… incluso con tanta incompetencia desde el banquillo y los despachos podríamos fácil tener algún anillo más solo con que una de todas esas circunstancias no nos hubiera sido adversa.